¿Qué pintan los dietistas?

 "¿Qué pintan los dietistas?" es una de las preguntas que más he escuchado desde que obtuve el título. 

"¿Qué pintan los dietistas?", "¿Para qué voy a ir a uno, si todo el mundo sabe comer sano?" y un largo etcétera de preguntas similares, realmente. La dietética y la nutrición son disciplinas de la salud humana que colindan con el saber popular y con la gastronomía, y entra en juego el orgulloso legado doméstico de cada cual con lo que realmente supone seguir una alimentación saludable: defendemos el conocimiento que hemos heredado con sangre, y hay quien no duda en dar su último aliento antes que ceder un sólo ápice al respecto. Si por algo nos caracterizamos los españoles, es por nuestro orgullo (aunque éste a veces nos suponga momentos de cierta vergüenza ajena).

Además, con el paso del tiempo, la alimentación humana evoluciona. Cada día tenemos un acceso muchísimo más amplio a alimentos que antiguamente ni conocíamos y a gamas mucho más amplias de alimentos que nos presenta la industria, con cada nuevo ítem mejorando al anterior en términos de sabor, apariencia y atractivo general.

Entonces, volviendo a la pregunta inicial, ¿qué pintamos los dietistas? Pues, aún pecando de interesado, mucho.
Como todo saber popular, el concepto de qué es una alimentación saludable se moldea, adapta y cambia, y no siempre con toda la gracia con la que debería. Sin irme muy lejos, hoy todo el mundo conoce las bondades de la dieta mediterránea, pero no muchos recuerdan la importancia de los cereales integrales, las legumbres o la fruta. Incluso hay quien opina que la fruta por la noche engorda.
Tampoco ayudan las empresas que crean nuevos alimentos para nuestro disfrute, que no tienen reparos en presentar patatas fritas o bebidas alcohólicas como un alimento mediterráneo.

Acorde a la AESAN (la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), en el 2020 el 53,6% de la población tenía un exceso de peso, del cual el 16% se refería a obesidad. Y es una tendencia que va en aumento con los años, tanto en la población adulta como en la infantil (aunque quiero recalcar que el sobrepeso no es un factor único de mala salud y por tanto no se deben identificar entre sí; entran muchos más factores en juego).
Según la Federación Internacional de la Diabetes, en muy resumidas cuentas, 9 de cada 100 personas adultas padecen diabetes tipo 2, la cual es, en muchas ocasiones, resultado de unos hábitos de salud algo mejorables, inclusive el de la alimentación.

Y realmente tampoco hace falta acudir a estudios elaborados para ver esto: la gastronomía local se ve irrumpida por productos cada vez más saturados de grasas, sal y azúcar, lo habitual es salir a beber alcohol, se pica entre horas productos ultraprocesados... No es mi finalidad crear una alarma angustiosa sobre todos estos hábitos, pero tampoco podemos negar todo esto. También es comprensible que cuando uno socializa, no quiere complicarse pensando en si tal o cual cosa es saludable. Al final los hábitos se ven influenciados por muchos factores, y a su vez también afecta a nuestro gremio porque tenemos que tenerlos en cuenta. Nuestra labor no se limita a dar una triste hoja con una dieta estándar: nuestra labor es intervenir de la forma menos intrusiva posible en los hábitos de nuestros pacientes, con el principal objetivo de mejorar su salud mediante la enseñanza o, como pretendo con este proyecto, mediante la divulgación.

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Esta es mi primera entrada en el blog y como dietista neófito, aún me queda mucho que aprender. Es posible que cambie de opinión con lo que he puesto aquí, o mejor dicho, que dicha opinión evolucione y mejore. Al fin y al cabo este campo aún avanza a velocidad de vértigo y lo que asumimos hoy se prueba erróneo mañana. Me equivoqué, me equivoco y me equivocaré, y quiero seguir haciéndolo para corregirme y aprender más.

¿Adónde llegaré con este blog? No tengo ni idea. Por eso me considero un dietista peregrino.


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