El precio de comer saludable
◆ COCINA ◆
EL PRECIO DE COMER SALUDABLE
Un debate muy habitual en el campo de la dietética (aunque entra más en la cocina) es que uno de los mayores obstáculos para comer saludable es el precio: según se dice, es más barato comer comida basura que comida casera. Y aunque es verdad que comer fuera es barato, comer en casa no es tan caro como algunas personas creen. Hoy me gustaría hablar de eso, demostrando si es cierto o no y mi opinión al respecto.
Autoría: Steve Buissinne (Pixabay)
1) Demostración práctica
Como la forma más sencilla de comprobarlo es mediante una prueba, vamos a ello.
Voy a coger una de las recetas más icónicas de la cultura española, las lentejas guisadas, tal y como se indica en el libro 1080 recetas de cocina de Simone Ortega (el cual es uno de los referentes de la cocina tradicional española). La receta original es totalmente vegetariana, así que para emular la versión más común, añadiré algo de chorizo y tocino. No es lo ideal: recordemos que cuanto más evitemos la carne procesada, mejor, pero también sería poco realista suponer que la versión estándar actual de las lentejas es totalmente vegetal.
Para 6 personas:
Para saber cuánto cuesta elaborar el plato, tenemos que realizar un escandallo, que no es más que un cálculo del coste de la ración en base al precio de cada ingrediente y de la cantidad usada del mismo (lo haré lo más breve posible porque dudo enormemente que este proceso en sí sea de especial interés para quienes leen esto).
Para obtener dicho escandallo, necesito los precios de cada ingrediente, para lo cual recurriré a una página web, SoySuper, destinada a recoger el precio de múltiples artículos en cada cadena de supermercados.
La cosa, tras revisar los precios, queda así(*):
(*) Por comodidad, he pasado directamente las cantidades a kg y los precios a €/kg (litros y €/litro en caso del aceite). Por eso esto último no coincide con el precio del artículo referenciado, porque no todos son €/kg, sino €/unidad (y cada unidad tiene un peso diferente).
A 0,98 € la ración no resulta especialmente caro, incluso superando ofertas que por lo general te dan bastante menos comida por una cantidad similar (y eso que en hostelería los precios de los alimentos suelen salir mucho más asequibles que a nivel doméstico, aunque es cierto que también hay que pagar gastos como el establecimiento y el personal). Este es un ejemplo, claro: hay platos que cuestan un poco más, hay platos que cuestan un poco menos dependiendo de los ingredientes, pero por experiencia propia la mayoría de platos caseros rondan los 1-2 €. Y es lógico, dentro de lo que cabe: al fin y al cabo, la cocina (al menos la mayor parte de sus escuelas) nacen del aprovechamiento: por definición la cocina debe (o debería) ser asequible.
2) Mi conclusión
Salvo que se me pida hacer cientos de escandallos (por favor, no) para hallar un rango promedio del coste de la cocina casera, con la explicación de arriba debería ser suficiente para firmar sentencia sobre que comer saludable es barato, ¿verdad?
Pues no, no creo que sea especialmente barato. No en términos de dinero: acabo de demostrar que se pueden hacer malabares con un presupuesto ajustado para comer decentemente. Yo hablo en términos de tiempo, que es bastante más escaso y valioso que el dinero, o al menos así lo considero.
Para poder cocinar, hacen falta una serie de factores que demasiado a menudo no se suelen considerar en el coste: hace falta saber de cocina, hace falta ir a la compra, hace falta tener dónde almacenar la comida, hace falta material para cocinar la comida y, finalmente, hace falta poder cocinar dicha comida (tiempo, habilidad y energía). Todos estos son factores que dependen principalmente del tiempo. Y en un mundo donde se ha normalizado un horario laboral criminal que puede abarcar prácticamente de sol a sol, donde la nutrición y la cocina apenas se imparten en ningún ámbito y donde abunda el agotamiento mental, el tiempo escasea. Porque quien no tiene dinero, por lo general tampoco tiene tiempo para aprender, comprar o cocinar, y muy a menudo, tampoco ganas de cocinar en el poco tiempo libre que le resta del día. Y la alternativa más accesible, por supuesto, es malcomer: sólo tienes que esperar unos minutos para llevarte algo a la boca, y de paso te ahorras absolutamente todo el proceso intermedio.
De la misma forma que no podemos atribuir la obesidad a la vagancia, tampoco podemos atribuir una mala alimentación a la pereza, porque también depende de muchos factores. Un plato saludable es asequible, pero no es barato.
3) Cómo solucionarlo
Por supuesto, dar con una solución no es sencillo. El primer paso es concretar el problema, y, como ya he dicho, es algo que trasciende la mera pereza: si una alimentación saludable no es un objetivo fácil (o al menos no tan fácil como debería) es porque intervienen muchos factores que nos rodean. La renta, la educación, la publicidad y el propio entorno son unos de los principales problemas (que no los únicos), y, como es de esperar, no son problemas fáciles de atajar, especialmente cuando hay beneficio económico de por medio para ciertas partes.
En cuanto a la renta, la relación es simple: a menor capacidad económica, mayor precariedad y menor disponibilidad de tiempo. Además, de comer fuera, las opciones son mucho más limitadas, por lo que el abanico hostelero principal se centra en la comida rápida, ultraprocesados y similares. La elección de los alimentos que compramos también se ve afectada por ello: de nuevo, aunque los alimentos frescos sean asequibles, los ultraprocesados compiten muy duramente en términos de precio y la publicidad agresiva inclina muy a menudo la balanza a su favor. Y para colmo, a menor renta, menor facilidad de acceso a medios que puedan prevenir o contrarrestar todo esto.
Como referencia, en el informe Aladino del 2019 sobre la alimentación, la actividad física, el desarrollo infantil y la obesidad en España se refleja como a menor renta, mayor índice de obesidad:
En este estudio también se refleja cómo las elecciones a la hora de escoger dónde o qué comer se ven afectadas por el nivel de la renta: en comparación con las familias con rentas superiores a 30.000 € al año, aquellas con rentas inferiores a 18.000 € brutos al año visitan más los restaurantes de comida rápida y toman golosinas y caramelos diariamente con mayor frecuencia.
Sin educación sobre nutrición o cocina, no se pueden aplicar conocimientos y por tanto es más difícil llevar una alimentación saludable, por supuesto. La publicidad nos incita (o más bien nos empuja con mucha insistencia) a escoger alimentos insanos y cómo afecta el entorno a cómo comemos básicamente se debe a que nos vemos sujetos a las condiciones de la zona en la que vivimos: si a nuestro alrededor proliferan restaurantes de comida rápida, tiendas especializadas en productos insanos, entornos precarios y otros tantos factores, está claro que nuestro estilo de vida va a verse adaptado a todo esto.
Sin querer meterme mucho en asuntos políticos (no porque lo considere inapropiado, sino porque ni quiero extenderme más de lo que ya acostumbro ni porque creo que vaya a descubrir nada a nadie), la solución pasa por una serie de cambios sociales muy importantes, que incluyen dar voz y poder a quienes tienen en su mano la capacidad (y la voluntad) de realizar dichos cambios.
Por parte de los sanitarios, la divulgación puede ser una herramienta altamente efectiva para ello, y uno de mis intereses es tratar, entre otros, ese mismo tema (hete aquí una de las razones de ser de este blog), por lo que también tengo planeado elaborar sobre cómo ahorrar tanto tiempo como dinero en la cocina, y espero poder ayudar con ello.
En resumen:
· Comer saludable es asequible económicamente, pero a menudo requiere tiempo y esfuerzo que no está a disposición de una parte muy amplia de la población.
· Al igual que con la obesidad, la mala alimentación es multifactorial: no se puede atribuir únicamente a la pereza, sino que intervienen factores como la renta, la educación, la publicidad y el entorno.
· Atajar estos problemas no es sencillo: son factores sujetos a la acción política, educativa y sanitaria.


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