Vamos a contar mentiras, tralará

  DIETÉTICA Y NUTRICIÓN

VAMOS A CONTAR MENTIRAS, TRALARÁ

Uno de los puntos clave para comer bien es hacer la compra. Si no compras comida, no tienes comida: es lógico. Y lo normal es que cuando alguien hace la compra no se pare a pensar en que le estén contando alguna mentirijilla, pero por desgracia es bastante más habitual de lo que parece.


Colección de muñecos de Pinocho
Fuente: karosieben (Pixabay)

Aunque si tengo que ser técnico, más que mentiras, en la cesta de la compra podemos dar con engaños o ilusiones. Es raro dar con algún producto que no acate la ley vigente: el problema está en que la industria juega con los vacíos legales para hacer que sus productos parezcan mejores de lo que son en realidad.

¿Y cómo son estos juegos a los que recurren para tentarnos? Veamos algunos:

El mismo formato pero sin el mismo producto

El truco más sencillo es presentar un producto muy parecido a otro en el mismo formato que el original pero sin poner el nombre del mismo (no lo pueden poner porque no lo es): simplemente por inercia, por el parecido y porque suelen colocarse junto al producto original, acabamos cogiéndolo sin fijarnos en ese detalle. 

Para poner un ejemplo con el que entenderlo, aquí tenemos dos productos que se venden en Carrefour:

Mezcla de 4 quesos"Mix rallado especial gratinado"



El primero es una mezcla de cuatro quesos, y el segundo es un "Mix rallado especial gratinado". A primera vista, ambos productos parecen bolsas de queso rallado, pero su composición varía: 

· Mezcla 4 quesos (2,15 €)
Ingredientes: Leche, almidón de patata, sal, fermentos lácticos, cuajo microbiano, annatto, nitrato de sodio, cultivo de ácido propiónico y cloruro de calcio 

· Mix rallado especial gratinado (1,29 €)
Ingredientes: Emmental 49% (leche pasteurizada de vaca, sal, fermentos lácticos, coagulante de leche microbiano), preparado alimenticio a base de grasa vegetal 49% (agua, grasa de palma, almidón modificado de patata, proteínas de la leche, sales de fundido: fosfatos de sodio y citratos de sodio, colorante: carotenos), almidón de patata 2%.

Resulta que el segundo, que es un producto que cuesta casi la mitad, no es sólo queso, sino que también incluye grasa extra (y de mala calidad) para mejorar el fundido y almidón de patata. De hecho, por esta adición su denominación legal no es "queso", sino "Especialidad alimentaria rallada a base de queso".

Otros productos con los que pasa algo similar son los yogures o los embutidos, por ejemplo:

·Yogures: muy a menudo se venden variantes como los bífidus o productos que se parecen mucho pero no son yogures. En su etiqueta suelen venir etiquetados como "leche fermentada" o "postre lácteo". Esto se debe a que su proceso de elaboración es diferente al del yogur: los bífidus (o las leches fermentadas) son similares nutricionalmente hablando pero los postres lácteos suelen ser peores, porque suelen tener mucho azúcar o grasas poco saludables.

· Embutidos: sobre todo en el jamón cocido, donde podemos diferenciar entre el "extra" y el común. El jamón cocido extra se caracteriza porque contiene entre el 80 y el 90% de su contenido en jamón mientras el común (jamón cocido o fiambre de cerdo) puede contener adicionalmente almidón para hinchar el producto y tener más cantidad con menos carne.

El poder de la sugestión

Otra técnica muy habitual es la de sugerir efectos (generalmente efectos positivos para la salud) mediante las imágenes que acompañan a los productos pero sin mencionarlos en ninguna parte.

El ejemplo que se me viene a la cabeza en este caso es una variante del Nesquik, el Nesquik noche:

Envase del producto "Nesquik noche".

Esta versión, que incluye tila, manzanilla y melisa, da la impresión de causar sueño (se representa la noche y además se suele asociar el sueño con dichas infusiones), aunque no lo indique de ninguna forma en el etiquetado. Pero es difícil pensar que un producto que tenga 75,7 g de azúcar por cada 100 g de producto pueda ayudar a conciliar el sueño, ¿no?

Otra técnicas muy habitual es la de jugar con los términos "fit", "fitness" y similares junto a imágenes de ese tipo para dar la impresión de que un producto es sano, aunque en la realidad no lo sea. 
Por ejemplo, Nestlé también tiene una línea de cereales Fitness de entre los cuales podemos ver alguno con 20 g de azúcar por cada 100 g de producto.

Poniendo la lupa sobre lo minúsculo

Otra artimaña muy común es la de añadir algún producto con buena fama para poder decir que lo tiene, aunque sea en cantidades muy pequeñas. El AOVE (aceite de oliva virgen extra), por ser nuestro hijo pródigo de los aceites, es uno de los más afectados por este tipo de trampa:

Envase de patatas fritas con aceite de oliva virgen extra.


Estas patatas fritas se promocionan a sí mismas como fritas en aceite de oliva virgen extra. Pero si miramos la composición, el aceite en el que se frieron sólo contenía un 30% de aceite de oliva, y el resto era de girasol (que es más barato). Y de hecho esto lo indican en el envase, en pequeñito, pero esa aclaración se ve totalmente nublada por el texto y la imagen de la aceitera.

Esto era también muy habitual con el pan integral antes de que entrase en vigor el Real Decreto 308/2019: a menudo se vendían hogazas de pan como integrales cuando en realidad apenas tenían harina integral en su composición (a veces ni siquiera llegaban al 10%). 

Etiquetas sin valor legal

"Croquetas caseras", "Galletas artesanas", "Puré natural", "Pan de la abuela"... incluso las etiquetas "Bio" y "Eco" pueden dar lugar a error.
Muchas denominaciones carecen de validez o registro legal, por lo que se pueden usar sin problema independientemente de que el proceso de elaboración no cumpla con la definición lógica que le atribuiría la mayor parte de la población: unas croquetas elaboradas en una industria no pueden ser, por pura definición, caseras. Y dudo que la plantilla del horno panadero que elabora el pan de abuela esté compuesta únicamente por abuelas. Pero claro: siempre van a llamar más la atención unas croquetas caseras hechas al estilo de la abuela que unas croquetas industriales genéricas, ¿verdad?
Aunque la croqueta ultraprocesada se vista de seda, ultraprocesada se queda.
Envase de croquetas al estilo "tradicional" hechas "¡Como en casa!" (palabras del envase, no las mías).

Donde dije "Sin azúcar", digo Diego

En los últimos años, el azúcar está ganándose cierta mala fama, aunque realmente viene del abuso sistemático del mismo que hace la propia industria.
En vista de esta mala imagen, cada vez vemos más productos sin azúcar, por lo que vemos algunos productos promocionados como "Sin azúcares" o "Sin azúcares añadidos". ¿Y dónde está la trampa? En que usan otros ingredientes para endulzar como edulcorantes y/o zumo o concentrado de frutas o verduras (como la zanahoria), que a efectos prácticos no difieren mucho con respecto al azúcar.

Una mano delante y otra detrás

"Sin aceite de palma", indica el envase de la Nocilla. Y es totalmente cierto: si miramos en su composición, vemos que la grasa usada no es aceite de palma, sino aceite de girasol alto oleico (menos mal que han tenido la decencia de no usar un aceite insano). Pues qué maravilla de producto, ¿no?

Lo que pasa es que de un bote de 360 g, 201,6 g son puro azúcar. En otras palabras: de un tarro cualquiera de Nocilla, más de la mitad del envase es azúcar.

Envase de Nocilla.

Lo que quiero señalar con esto es que muchas veces promocionan con tanto ahínco un único aspecto del producto que el resto se quedan en un segundo plano, inclusive aquellos que deberíamos tener muy en cuenta, como el caso que acabo de explicar.

Como nota final, creo importante hacer cierta aclaración: no pasa nada consumir algún producto poco saludable de forma ocasional. En esta entrada he destacado algunos productos como cereales azucarados, Nesquik o Nocilla, y por supuesto ni culpo ni pretendo culpar a nadie por consumirlos. Lo que pretendo enseñar hoy es que es importante saber a qué técnicas de marketing nos sometemos cuando vamos a la compra para poder escoger sin que nos manipulen, y que si compramos algún producto como los que he señalado, que sea porque así lo queremos y no porque nos hagan creer que son algo que no son. Al fin y al cabo, lo ideal es poder hacer la compra sin que nos hagan creer que por el mar corren las liebres o por el montes las sardinas, tralará.

En resumen:

· La industria alimentaria se vale de múltiples técnicas para vender sus productos, aunque estas técnicas busquen crear impresiones falsas o esconder ciertas características de sus productos.

· Las técnicas más habituales incluyen la manipulación mediante la presentación (emulando el producto de mejor calidad que sustituyen), la sugestión de efectos positivos, destacar ingredientes populares aunque apenas se usen, el uso de calificativos sin valor real, el uso de edulcorantes en vez de azúcar y/o desviar la atención de ciertas características poco saludables.

· Cuando vamos a comprar, independientemente de lo que compremos, lo importante es que seamos capaces de ver más allá de dichas técnicas y poder escoger sin que nos manipulen.



Comentarios

Entradas populares