Sobre la obesidad y el exceso de peso
· DIETÉTICA Y NUTRICIÓN ·
SOBRE LA OBESIDAD Y EL EXCESO DE PESO
A propósito de la primera entrada que realicé, se me ha ocurrido que quizá sea buena idea hablar sobre el exceso de peso, tanto por su relevancia en la salud (y los mitos que la rodean) como por el movimiento que lleva en activo desde hace ya bastante tiempo que denucia la gordofobia social.
Es muy, MUY habitual que el exceso de peso se asocie a una mala salud y que cuando alguien busque consejo nutricional lo haga para adelgazar con la mayor brevedad posible.
Sin embargo, no es tan simple como decir que la obesidad es mala salud y que la mala salud es obesidad. O que alguien tiene exceso de peso por pura vagancia y/o glotonería. Desde hace bastante tiempo ya sabemos que la obesidad es multifactorial, por lo que no sólo entran en juego nuestros hábitos y preferencias personales (e incluso nuestra propia genética), sino que depende en gran medida de nuestro entorno (nivel económico y social, entorno, condiciones laborales, legislación...). Es más: es habitual en nuestro campo señalar que nos encontramos en una sociedad obesogénica (esto lo explica fantásticamente Julio Basulto en su libro Come Mierda), donde recibimos muchísimos estímulos que favorecen este aumento de peso. Por un lado, vivimos en una época donde la oferta de alimentos insanos es prácticamente infinita: bollería industrial, snack salados, fritos, dulces hipersaturados de azúcar, ultraprocesados y, con permiso de y alabanza hacia la dietista-nutricionista Beatriz Robles por tan magnífico término, alimentos ultraperpretados (alimentos ultraprocesados ultraprocesados). Por otro, nos encontramos en unas circunstancias sociales donde no es raro que disponer de tiempo real efectivo para practicar ejercicio con la frecuencia recomendada (3-4 días a la semana), mantener una vida activa de forma diaria, y seguir hábitos saludables (conozco muchas personas que apenas tienen tiempo para cocinar, por poner un ejemplo).
Y a pesar de todo esto, algo que tenemos que tener muy claro es que cuando alguien quiere perder peso, primero debemos priorizar la adopción de hábitos saludables y luego vendrá ese cambio de peso (y no al revés).Y aunque éste no llegue a ocurrir, tampoco es necesariamente un problema siempre que dichos hábitos permanezcan. Esto ya colinda en parte con el otro aspecto que comenté al principio: la gordofobia social.
No es ningún descubrimiento señalar que existe un rechazo sistemático hacia todo cuerpo no normativo, y eso incluye los cuerpos con exceso de peso. Alegando motivos de salud, a menudo se critican hasta puntos deshumanizantes, y se fomenta con dicha actitud la aparición de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), problemas de autoestima, depresión... y con ellos, la adopción de hábitos extremos con tal de perder peso con la mayor brevedad posible. Y aquí es donde entran los milagros: dietas extraordinariamente hipocalóricas, suplementos dietéticos y un sinfín de malabares que prometen una pérdida de peso buena, bonita y barata que en muchos casos no terminan en nada. O peor: resultan efectivas y causan una pérdida de peso enorme en un periodo muy breve (la malnutrición es fantástica para perder peso: sólo hay que preguntar a aquellos que descansan en los cementerios). Si digo que es peor que causen esta pérdida súbita de peso a que no sean efectivas es porque el cuerpo no responde bien a esto y se genera el famoso efecto yoyó: perder peso muy rápidamente y sin seguir unas pautas determinadas causa una pérdida no sólo de grasa corporal sino de masa muscular, lo cual causa la necesidad de recuperar el peso perdido y a menudo incluso más, ya que recuperando dicho peso no recuperamos toda la masa muscular perdida.
La manera más efectiva y sencilla de perder peso, aunque resulte desalentador, es comer de forma saludable y practicar ejercicio de forma regular. Lleva tiempo, pero no hay muchas alternativas reales (si es que existe alguna): lo más habitual es someterse a una tortura (dietas imposibles de llevar, ejercicio muy intenso...) que a menudo acaba en lo que acabo de explicar, por lo que lo mejor que se puede hacer es informarse bien, seguir el consejo de las personas con titulación apropiada (a día de hoy acepto consultas, si puedo pecar de interesado) y, sobre todo, armarse de paciencia y ganas de aprender.
Volviendo un poco al tema de la masa muscular, otro de los motivos por los que decimos que no es realmente correcto equiparar el exceso de peso con la falta de salud (y por extensión la delgadez con la salud) es porque más que atender al peso corporal o a valores como el índice de masa corporal (IMC) que son muy orientativos y no comprenden a toda la población, también debemos recurrir a otras mediciones como a la composición corporal o al índice cintura-altura porque estos también nos dan una idea aproximada de algunos factores de riesgo para la salud como la presencia de grasa visceral (la grasa presente en los órganos internos, que es la que más se relaciona con problemas cardiovasculares).
Por ejemplo, aunque una persona sea delgada, puede tener un exceso de grasa corporal (un caso muy típico es, precisamente, cuando una persona sigue regímenes milagrosos como los ya mencionados en los que resulta que ha perdido una gran cantidad de masa muscular). Y una persona con exceso de peso no tiene por qué tener un exceso de grasa corporal (puede tener una masa muscular muy desarrollada), o si lo tiene, no tiene por qué presentar ningún problema que suponga un riesgo para la salud. Y todo esto lo digo sin meterme en hábitos personales: no es raro encontrarse a personas con un buen físico que fuman o beben, y a estas alturas no creo que haga falta decirlo, pero fumar como beber, sea la cantidad que sea, son hábitos activamente nefastos para nuestro organismo. O que simplemente comen mal pero por su estilo de vida permanecen con un físico delgado.
Y por no alargarme mucho más, concluyo con que hay muchos factores por los cuales no es correcto juzgar el estilo de vida de una persona porque tenga un exceso de peso. La salud no se mide por la apariencia y, si alguien tiene que emitir un juicio, debe ser una persona con una titulación apropiada para ello. Y por encima de todo, criticar vidas ajenas sin conocimiento sobre las mismas es, con perdón, una actitud de mierda.
En resumen:
· El exceso de peso es multifactorial y no depende únicamente de la voluntad y gustos propios.
· El exceso de peso es una condición que puede suponer problemas para la salud, pero hay que tener en cuenta muchos factores adicionales y por sí mismo, este exceso no siempre nos dice lo suficiente sobre la salud de una persona.
· Siempre va a ser prioritario adoptar hábitos saludables que obcecarse con el peso.
· En caso de requerir atención, se debe acudir a una persona titulada.
· No hay justificación para menospreciar a nadie en base a su peso corporal (lo cual debería ser obvio pero recalco sobre ello por si acaso).


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